29 de julio de 2010

Universidades privadas

Seguimos con cosas tangenciales a la Ingeniería de Costas. Pero no tan lejanas. Me acabo de cargar un trabajo, y casi la asignatura completa (de Ingeniería Marítima, por eso no andamos tan lejos del sujeto original de este blog) de tres alumnos que han osado copiar.
Doy clase en la Universidad Europea de Madrid; sí, una privada de esas que venden el título. Aunque sé positivamente que en algunos casos tiene razón quien piensa así, he de decir que me repugna ese pensamiento, por cuanto considero tramposo y deleznable estafar de esa manera a la Sociedad, a la Universidad, a la Comunidad Científica y al propio Alumno.
Pues miren, en esta Universidad, y en concreto en el Departamento de Ingeniería Civil de la Escuela Politécnica no dejamos pasar a quien no supere el listón (en ocasiones lo colocamos demasiado alto, he de reconocerlo) y desde luego y en todo caso, no permitimos la trampa. No es de recibo el copieteo (ha habido algún antecedente reciente bastante denigrante en alguna universidad pública).
Esta es una de las consecuencias de la repugnante cultura del pelotazo.
¿De qué se trata? ¿De conseguir una cartulina que diga "Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos"? No, mis compañeros y yo estamos seguros de que de lo que se trata es de adquirir conocimientos y cooperar con el resto de las personas a mejorar las condiciones de la sociedad en que vivimos. Por eso luchamos y por eso seguiremos luchando.

28 de julio de 2010

Montesquieu

Esto no es propiamente Ingeniería Marítima, pero bueno, mi blog se va adaptando a las circunstancias. Hay una obra interesante de Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu, más conocido por Montesquieu a secas, "L'Esprit des lois", El Espíritu de las Leyes, cuyo contenido a veces me parece que se dirige a nuestro país. Transcribo unos párrafos y que cada cual opine lo que quiera:

La libertad política, en un ciudadano, es la tranquilidad de espíritu que proviene de la opinión que cada uno tiene de su seguridad; y para que se goce de ella, es preciso que sea tal el gobierno que ningún ciudadano tenga motivo de temer a otro.

Cuando los poderes legislativo y ejecutivo se hallan reunidos en una misma persona (...) entonces no hay libertad, porque es de temer que (...) hagan leyes tiránicas para ejecutarlas del mismo modo.

Así sucede también cuando el poder judicial no está separado del poder legislativo y ejecutivo. Estando unido al primero, el imperio sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, por ser uno mismo el juez y el legislador y, estando unido al segundo, sería tiránico, por cuanto gozaría el juez de la fuerza misma que un agresor.

En el estado en que un hombre solo o una corporación (...) administrasen los tres poderes (...) todo se perdería enteramente. (...)

El poder judicial no debe confiarse a un senado permanente y sí a personas elegidas entre el pueblo en determinadas épocas del año, de modo prescrito por las leyes, para formar un tribunal que dure solamente el tiempo que requiera la necesidad.

De este modo el poder de juzgar, tan terrible en manos del hombre, no estando sujeto a una clase determinada, ni perteneciente exclusivamente a una profesión se hace, por decirlo así, nulo e invisible. Y como los jueces no están presentes de continuo, lo que se teme es la magistratura y no se teme a los magistrados.